
“¡Si describir una desgracia fuera tan fácil como vivirla!” (Ciorán).
Escribir no resulta fácil, supone que, además de vivir la cuota de desgracias que a todos nos toca, hayamos de soportar después la dificultad de escribirlo. La que siempre supone escribir algo significativo, no mero redactado insustncioso, más la dificultad añadida de rememorar aquel mal momento, aquel contratiempo, aquel fastidio, o aquella desgracia.