5/4/10

escribir lo que quieres


"Escribir lo que quieres", si se trata de escribir lo que te da la gana, no es fácil. Una cosa es querer y otra poder, y el autor constata continuamente la dificultad de alcanzar lo que se propone: si lo consigue (en el caso de que alguien lo haya conseguido totalmente alguna vez, alguna sola vez siquiera) habrá tenido que suponer un esfuerzo, un enorme esfuerzo, continuado, esmerado, atento, cuidadoso, más redundante que estos tres calificativos que acabo de emplear, porque los habrá tenido que emplear una vez y otra, recurrentemente, sin sucumbir al desaliento.
"Lo escribí de una sentada", "surgió así sin más", son excepciones que por eso mismo nos sorprenden, y aún así empleables para una ristra de versos, o para una canción o para un capítulo, pero difícilmente es creíble si se trata de todo un libro, sea narrativa o ensayo (¿no es narrativa un ensayo?). Así es como la prometedora libertad del escritor topa con la dificultad de su propia obra, con sus propios límites que no son otros que sus limitaciones, sus carencias, sus dificultades, y su en principio ilimitada libertad acaba resultando un arduo ejercicio de obligada humildad, de volverlo a intentar, algo conceptualmente alejadísimo del hacer 'lo que me da la gana', del capricho, de lo fácil.

1/2/10

la dificultad de la autobiografía




El posible valor literario de una biografía, o una autobiografía, es independiente de la veracidad de lo que incluye. No hablo de mentir, basta recordar mal, insuficientemente, otra cosa. De las muchas razones para escribir, una de las más esgrimidas, la de luchar contra el olvido, es una batalla perdida de antemano. La memoria es frágil, endeble, y se reconfigura automáticamente, inconscientemente. El autor no conoce la verdad de lo que supuestamente vivió personalmente. Los recuerdos mienten. Y, por si fuera poco, aparece el lector antes de tiempo: los otros, a los que quizá se presta demasiada atención mientras se escribe, transformando los hechos para hacerlos más respetables o para conferirles el atractivo de lo maldito, o ahogando en el formol del estilo las cosas que necesitaban apenas la oportunidad de asomarse tal cual.
En sólo 5 días, releyendo un libro (Un home de paraula, de Imma Monzó), viendo la tele (L'Hora del lector) o leyendo el periódico (El País Semanal de hoy), distintos autores han tratado el asunto: Benet i Jornet asumiendo que su memoria le miente, que sus amigos le dicen que las cosa no sucedieron tal como él las recordaba y las ha escrito. Castellet, consciente de que eso puede suceder, coteja sus propios recuerdos con recortes de prensa o cartas que le garanticen que sucedieron tal como los recuerda. Para evitarse todo eso, Imma Monzó se pone a escribir el libro con el que pretende preservar de la erosión del olvido a su amor recién fallecido. (No le sirve lo primero que escribe inmdiatamente después, el dolor le impide hacerlo; tiene que hacerlo "profesionalmente", filtrarlo). Así que no es sólo la dificultad que provoca la fragilidad de nuestra memoria. Son muchas otras cosas. El empeño encontrará muchísimos obstáculos. Quizá surja con la pretensión de escribir algo formalmente interesante que deje en cartón-piedra lo que tendría que resultar vívido, o por querer aparecer el autor de un modo "presentable. De modo que dejan de ser fehaciente memoria, matando más que preservando lo que se pretendía salvar , tal como Rosa Montero nos ha recordado que Stanislaw Lem comprendió que le había sucedido y que escribió como prólogo en uno de sus intentos por contar su propia infancia:
"El castillo alto es un libro de memorias. O algo así. Más bien es un texto especialísimo sobre la memoria, en concreto sobre la de la infancia y la adolescencia. La originalidad de la obra se advierte desde el prólogo, en el que Lem nos dice que ha fracasado totalmente en su propósito. Él pretendía dejar fluir los recuerdos libremente, quería que emergieran los jirones del pasado por sí solos y la memoria fuera construyendo su propio retrato. Pero, como es natural, enseguida vio
que eso era imposible; el individuo altera y ordena inevitablemente esos recuerdos, los convierte en narración, en un invento. La memoria siempre es mentirosa: "Desearía dejar hablar al niño, retroceder sin interferir, pero en vez de eso lo exploto, le robo, le vacío los bolsillos (...) Comenté, interpreté, hablé demasiado (...) y cavé una tumba para ese chico y lo enterré. Una tumba meticulosa, precisa, como si hubiera escrito sobre alguien inventado, alguien que nunca vivió, alguien cuya voluntad y designios podrían labrarse según las reglas de la estética. No jugué limpio. A un niño no se le trata así", concluye Lem.(Según transcribe Rosa Montero en EPS).

Enrique Vila-Matas, que escribió ese libro que lleva por título Recuerdos inventados, y ese otro que tituló Impostura, al que tanto le gusta inventarse entrevistas nunca realizadas, o atribuir frases a otros autores, o modificarlas y con ello confundir a los aficionados a la erudición, juega conscientemente con fuego. Eso que lleva a otros de ventaja. Los bomberos pueden, entienden bien el fuego. No comprender de qué modo la memoria escribe por su cuenta antes de que decidamos ponernos a escribir, o atrapar indebidamente lo sucedido transformándolo en madera muerta, o no ser consciente de la propia vanidad, o de la desmemoria, hace que el género autobiográfico resulte mucho más difícil de lo que parece. Al drama se le suele otorgar más prestigio que a la comedia, y sobrevaloramos lo inventado sobre lo sucedido, como si lo autobiográfico resultara sencillo, cuando supone escribir con los pies sobre el suelo sin que eso presuponga que sea un suelo siempre estable. Escribir autobiográficamente es mentirosamente fácil.

27/12/09

Intenciones originales y relecturas.


Leo hoy en El País, el artículo de Justo Navarro sobre Himno, la novela de Ayn Rand en la se basó la película El Manantial, en la que Gary Cooper hacía de arquitecto idealista. Esta película debieron pasarla, por higiene mental, durante el boom inmobiliario que ha terminado en el estallido de la burbuja que a todos nos trae por la calle de la amargura de un modo u otro, directa o indirectamente. Pero no sólo por su relación directa con la construcción. Ahora se está leyendo a la autora de la novela de un modo muy curioso. Pero de eso ya se ocupa en su artículo Justo Navarro. Yo me quedo con las frases que entresaca y con las que empieza su artículo:

"Es un pecado escribir esto. Es un pecado pensar palabras que otros no piensan y ponerlas en un papel que otros no ven. No hay transgresión más siniestra que actuar o pensar a solas. La ley dice que nadie puede estar solo, pues ésa es la gran transgresión, la raíz de todo mal". Son palabras del principio de Himno (1937).

A la dificultad de escribir, 'las dificultades' de pensar por cuenta propia, no las naturales, consecuencia de la tarea de pensar o de escribir, sino las añadidas, las ajenas. Y todo para que posteriores relecturas puedan ser tan sesgadas que instrumentalicen lo que acaso fue escrito con un sentido muy diferente, y que podrán ser reutilizadas con propósitos alejados de los originales concebidos por su autor.

23/12/09

una semana o nunca


Gracias a Sert sabemos esto de Picasso y de su Guernica: "Un día nos dijo (...) ¡Si no me lo quitan y vienen a llevárselo, no lo acabaré nunca!" (Citado por Alix). Pienso en Mercè Rodoreda que estuvo casi toda su vida escribiendo diferentes versiones de su Primavera i la Mort. Las exigencias de la publicación (editorial/mercado) pueden no coincidir con las de la obra o la de su autor.
El periódico trae un artículo que habla de un autor de novelas de a duro (esa moneda de 5 pesetas que pronto quedará fuera del alcance de la memoria de los que sólo hayan trasegado con euros toda su vida) que escribía 4 y hasta 5 novelas al mes, durante muchos años. ¡Qué dos concepciones más diferentes de la escritura! Una, enfocada a terminar, y otra, resuelta a indagar, a mejorar. Sin duda es mucho más difícil esto segundo.

14/12/09

Darío Jaramillo, seta nº 3




Me pongo la máscara, me quito la máscara/
busco otra máscara/ voy descarándome”

Darío Jaramillo, de su poema Canción.


En el mismo sotobosque, tres setas: La máscara, la invención autobiográfica, la verdad disimulada como mentira. Jaramillo, Calvino, y Piglia, me han brindado cada uno la suya, cada una con su peculiar sabor, con su propia interpretación de la verdad y la mentira, de la autenticidad y la impostura, que sólo coinciden en un mismo sabor de fondo.

Italo Calvino, seta nº2



Cuando estoy escribiendo algo muy autobiográfico,
ligado a las particularidades de la vida cotidiana,
mi deseo va en dirección opuesta. El libro se convierte
en uno de invención, sin relación aparente conmigo
mismo y, tal vez por esa misma razón, más sincero.
Italo Calvino

La seta de ayer, la de Roberto Piglia, merodeaba por el mismo sotobosque, pero era un champiñón (agaricus bisporus), y esta de Calvino es un boletus edulis, que por aquí llamamos cep y en el norte hongo.

Roberto Piglia, seta nº 1


Aunque le queden diez días, aún es otoño. Aunque lo declaremos y aceptemos como invierno porque eso que hemos consentido en llamar navidad está a sólo diez días. Lo despediré ofreciendo unas frases que me he fui encontrando como quien encuentra setas.

La seta de hoy, de Roberto Piglia:

"Narrar es como jugar al póker: el secreto consiste en parecer mentiroso cuando se está diciendo la verdad"

7/12/09

Ferlosio y Kundera


Alfanhuí (esa joya de Ferlosio, que escribió también Jarama), y que después se pasó a los ensayos; racionalidad, investigación, donde antes fantasía. Cuando hace unos años pasé mi momento Kundera y quise leer todo lo que hubiera escrito y encontrase del checo, fui a parar a un libro suyo de ensayo (El arte de la novela) en el que Kundera venía a sugerir que la novela propiciaba un espacio más amable en el que tratar de todo aquello que de otro modo no resultaba posible. La novela como recipiente más generoso que el ensayo. ¿Es así?
¿Consigue decir más cosas Ferlosio ahora que cuando escribía ficción?
"Son cosas distintas", me dirá alguno. ¿Son tan distintas?

Quizá es que primero se me derribó el muro que separaba la buena lectura, amena y placentera, de la lectura formativa, racional y especulativa, rigurosa y metódica. Y eso fue porque tuve la suerte de encontrarme con ensayistas y científicos y biógrafos que escribían muy bien, literariamente, y ya no pude seguir considerando que los libros de "no ficción" tuvieran que ser necesariamente aburridos, áridos o desconsiderados con la forma del lenguaje.
Quizá es porque después se me derribó otro muro que me había estado separando la ficción y la no ficción, separación que había estado basada en la presunción de que la ficción no proponía nada, mientras que la no ficción sólo proponía cosas y las proponía exclusivamente a la razón. Luego, me pareció, y me sigue pareciendo, que todo incluye algún propósito, sea consciente o no. Sea racional o emotivo.
O quizá es porque más tarde se me derribó otro muro, y comprendí que una teoría, una tesis, un empeño, se debe narrar adecuadamente para que pueda ser debidamente comprendido.
El muro que me produjo una mayor consternación, del que aún me estoy recuperando, es el que tras derribarse me permitió comprender que incluso la concepción más rigurosa y científica de las cosas no es más que un cuento, una narración que parece tener sentido, que resulta verosímil y no dejará de serlo, mientras no aparezca alguien con una más completa o más explicativa, o quizá baste que nos resulte más seductora, hasta que no traiga con él alguna nueva consideración o hallazgo o descubrimiento o susgerencia, que nos obligue a replantearnos nuestra anterior visión de las cosas; los fenómenos y las circunstancias que el ensayista atiende como personajes y que en su desarrollo se nos ganan o se nos hacen odiosos, que aumentan su credibilidad o la pierden.
Comprendo que para orientarnos nos resulten aceptables las caprichosas clasificaciones entre novela y ensayo, entre ficción y no ficción, pero yo no sé si Ferlosio dejó de escribir ficción para optar a poder decir más cosas sin renunciar en realidad a nada, o si es que de verdad se pasó a otra disciplina o instrumento, si no fue como cambiar de idioma si se dominan ambos, si Kundera tenía razón, si la tiene Ferlosio. O si una cosa y la otra no tienen nada que ver y ésta es una disquisición gratuita propia de un fin de semana largo propiciado por un puente.

(Después me paseo -navego por la red- y me encuentro esto:
http://lo-bueno-si-breve.blogspot.com/2009/12/cabeza-y-corazon-chicho-sanchez.html

y esto, que no tiene desperdicio:
http://www.ousferrats.com/2009/12/06/gracias-ferlosio-por-seguir-incendiando-el-pasto-de-los-bobos/

28/11/09

Misterios



“Me van apareciendo”, dice Gamoneda.
Esos inesperados encuentros, regalos que no sabemos quién o qué nos los ofrece y que nos vuelven a recordar la dimensión mágica de nuestra vida. Inspiraciones súbitas. Gamoneda también ha recibido ambos tipos de regalos : “Me encuentro un día paseando, después de seis, ocho o nueve años en los que casi no he escrito poesía… de repente el libro se me aparece sin forma ni figuras, sólo un renglón de palabras: ‘el óxido se posó en mi lengua como el sabor de una desaparición’, y Gamoneda comprende que tendrá que escribir Descripción de la mentira.

2/11/09

lo que pasa por la cabeza



…”Seguro que usted no garabatea lo primero que se le pasa por la cabeza y se lo manda a su editor. Seguro que medita las cosas. Seguro que las revisa. ¿No es en sí la escritura cuestión de meditar, de pensar, de repensar y vuelta a empezar?
_ “Por supuesto que sí. En eso consiste la escritura: en meditarlo todo a la enésima potencia. (Fragmento de El hombre lento, de Coetze)



Pero en otro fragmento de otro Coetze (Elizabeth Costello), podemos leer:
…”sospecha que sus respuestas serían tan poco interesantes como las de cualquiera. Es una escritora, no una pensadora. Escritores y pensadores: la noche y el día. No, la noche y el día no: los peces y las aves.”


Si hay que repensar antes de volcarlo por escrito, y un escritor no es un pensador, entonces ¿qué es lo que tiene que pensar tanto? El modo de decirlo.

8/10/09

obsesiones y desapego


“¡Qué alivio tirar a la basura un manuscrito, testigo de una fiebre desvanecida, de un frenesí consternador!” (Ciorán/ Ese maldito yo)
García Márquez tiró 200 páginas de una novela que había estado escribiendo y de la que sólo salvo un nombre para una posterior.
Mercè Rodoreda escribió y reescribió su Primavera i la mort durante años y años, y al morir se encontraron diferentes versiones. No supo distanciarse de ninguna y tirarla a la basura como quizá hubiera hecho Ciorán. A cambio disponemos de la posibilidad de elegir nuestra propia versión a partir de todo ese material.
El apego y la obsesión también tienen su papel en los autores respecto de lo escrito. A veces cursa de modos curiosos, y un tema, un espacio, o un personaje, aparecen y reaparecen en distintos libros de un mismo autor. Algunos sostienen que en realidad cada autor escribe siempre un mismo libro, del que los distintos volúmenes publicados vendrían a ser variaciones o incluso capítulos de ese único libro sumatorio de todos los escritos por él. El alivio al que se refiere Ciorán puede que tenga algo que ver con esto mismo, con la liberación de una obsesión.

15/9/09

Ramas sin tronco


Esta mañana he leído en el periódico que Gonzalo Suárez anda escribiendo un libro que ya tiene 300 páginas, pero que aunque "tiene las ramas, aún no tiene tronco" (más o menos, y para el caso sirve).
Las casas puede que no puedan empezarse por el tejado (que no sé si hoy no se podría), pero los libros se pueden escribir teniendo ramas sin tronco, teniendo troncos sin ramas, teniendo exclusivamente una semilla (una idea), determinando el final antes de empezarlo, o sin él, incluso me parece que cabe empezarlos a escribir sin tener muy claro el principio. Es otra de las maravillas de la Literatura.

28/7/09

tiempo


Puede que un libro sea más cuestión de tiempo que de palabras.

19/5/09

Henry Miller versus Philip Roth


Por Trópico de Cáncer, Henry Miller tuvo que verse ante más de un juez. ¿Esos mismos jueces habrían permitido la publicación de El teatro de Sabbath, de Philip Roth?
Sabbath, el personaje de la novela, también tiene que defenderse en un juicio, también por su obra, aunque no es un libro: es titiritero, y durante una de sus representaciones desabrocha la blusa y el sujetador de una chica entre el público, en una calle de Manhattan. La chica no le ha denunciado, lo ha hecho un policía. Sabbath no se defiende, eso lo hace su abogado; Sabbath no intenta justificarse. Sabbath se reivindica. Toda la novela no es sino el alegato de un modo de vivir que los políticamente correctos considerarían escandaloso y hasta depravado.
Me gustaría que Miller hubiera vivido para leerla.

12/4/09

no sé cómo, pero quiero hacerlo


..."Al principio no tenía claro qué forma darle al libro y a quién dirigirme. Éste es un problema que probablemente no le afecta a un novelista, siempre que sea bueno; no es que yo sepa mucho de eso, pero me imagino que el novelista escribe su libro tal como el propio libro quiere ser escrito. La novela es una máquina que se construye a sí misma, y el lector que se las apañe". Victor Werkler, protagonista de El procedimiento, de Harry Mulisch.
El escritor como comadrona. Miguel Ángel también decía que la estatuta ya estaba en el bloque de piedra, que él sólo la sacaba de ahí, quitándole lo innecesario. Pero quizás es una concepción peligrosa, se parece mucho a lo que sostienen los profetas cuando dicen que se han limitado a poner por escrito lo que su dios o algún ángel o arcángel les ha dictado. Por otra parte, someter el libro (o a los personajes) a la caprichosa voluntad del autor parece que lleva a libros falsos. ¿Pero es la voluntad la que juega esta mala pasada? ¿No se requiere también voluntad para evitar ser el Pigmalión de la propia obra, del mismo modo que la necesita un padre o una madre para educar a un hijo sin imponerle nada?
Que "el lector se las apañe" también es algo demasiado ambigüo. Ciertamente es asunto de todo lector, de todo receptor, casar las piezas y concluir por su propia cuenta o riesgo. Pero...¿de verdad renuncia el autor a que el lector concluya por su propia cuenta, algo que no sea precisamente lo que él como autor había pretendido que el lector concluyera? Otra cosa es que el mapa del lector y el del autor no coincidan exactamente, que el lector obtenga algo más...o algo menos; también es un asunto que ha preocupado a muchos autores. Algunos necesitan que el lector, los lectores, les ayuden a comprender qué es lo que ellos como autores han llegado a decir en su obra, quizá porque algo les ha pasado desapercibido por estar demasiado cerca y concernidos en ella y el lector la puede ver con más naturalidad que el propio autor. Y por supuesto, la decepción de que los lectores no alcancen a comprender totalmente algo, quizá porque el autor cuenta con elementos, noticias y datos, vivencias, que imagina, supone, que también dispone el lector y que quizá no es así.
Un autor concienzudo no impone nada a su obra ni a sus lectores, pero no parece que debamos entender por eso que deja alguna cosa al azar. Otra cosa es que el azar nunca necesite ser invitado expresamente para coprotagonizarlo todo.

22/3/09

Aún no hemos leído a Raymond Carver




Puede que no hayamos leído nunca a Carver, que sólo hayamos leído a Gordon Lish, su editor. Lish es el autor del estilo de Carver, de lo que nosotros considerábamos que era el estilo de Carver: le recomienda usar 5 palabras donde utiliza 15 y no suficientemente satisfecho, poda los escritos de Carver, corta fragmentos, adelanta el final de sus cuentos y modifica esos finales. El libro "De qué hablamos cuando hablamos de amor", es el resultado de que Lish redujera a la mitad el número de palabras originales y reescribiera 10 de los 13 finales de los cuentos del libro. Pensaba que Carver utilizaba demasiadas palabras.

Según Alessandro Baricco (autor de Seda), que revisó algunos manuscritos de Carver, dice que este autor «construía paisajes de hielo pero luego los veteaba de sentimientos, como si tuviera necesidad de convencerse de que, a pesar de todo aquel hielo, eran habitables.» Sentimientos que a Lish le parecían edulcorados y que suprimía.

¿Nos habría gustado más o nos habría gustado menos el Carver sin podar? ¿Podemos considerarlo así, podado, pulido? ¿O se trató de una amputación y un abuso? ¿Fue Lish el cuidadoso editor que todo autor necesita o pigmalión de Carver?

12/2/09

la naturaleza rumiante del escritor


..."Primero te lo tragas en forma de experiencia, luego lo extraes del estómago para darle una segunda vuelta, en forma de arte. Masticándolo todo, buscando las relaciones… Demasiada morada interior. Demasiada regurgitación". No nos habla de lobos solitarios, esa figura tan usada en literatura, el doctor Zuckerman (Philip Roth) habla de una vaca solitaria ("Llevo una vida de rumiante. Eso es lo que me hace huir") La digestión es lenta, ardua: "La duda es media vida para un escritor. Dos tercios. Nueve décimas partes. Nuevo día, nueva duda.. Lo único que jamás he puesto en duda es la duda misma”. Comparada con la vida de un médico es una vida solitaria: “Si me preguntas, te diré que como doctor Zuckerman vas a estar exactamente en las mismas que el Zuckerman novelista. Ninguna diferencia.
_Pero sin el aislamiento; sin la soledad. Ni uno ni otra estarían presentes. Imposible. Las diferencias físicas son demasiado grandes. Hay mil personas paseándose todo el tiempo por este hospital. ¿Cuántas calculas tú que se pasan por mi estudio, para que las palpe un poco y les haga decir “aaah”? Escribir no es una actividad muy sociable”.

7/12/08

el pozo

Sostiene Bauxauli que para hacer literatura, para poder hacerla, el escritor tiene que tener un pozo. Diógenes en vez de un pozo se metió en un tonel. Al pozo puedes invitar a entrar a tus lectores, o salir de él con tu obra en la mano. El pozo es la soledad necesaria para crear, reflexionar o reciclar la estupefacción. El pozo se alimenta de manantiales, de aguas freáticas que inspiran o te lavan. Hay ideas que necesitan estar un tiempo en remojo.

14/11/08

Literatura...o escribir.

La gran literatura versus escribir como una consecuencia de no saber hacer otra cosa, o de no tener otra cosa que hacer, de una soledad abrumadora o de un enorme aburrimiento, de una necesidad imperiosa de comunicarse de algún modo o de clarificar la confusión.

6/11/08

David Foster Wallace

En su libro "Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer", escribe sobre la falsedad embaucadora y fraudulenta de las sonrisas profesionales. También hay sonrisas no profesionales que como el maquillaje, se adoptan porque nos rejuvenecen, nos hacen parecer más simpáticos; no son sonrisas profesionales pero tampoco son verdaderas sonrisas.
Los libros también pueden sonreir profesionalmente.

31/8/08

Voces

"Un novelista es alguien que (...) se mete en la cama y de pronto esas voces lo obligan a levantarse, a buscar una hoja de papel y escribir tres o cuatro líneas, o tan sólo un par de adjetivos o el nombre de una planta. Esas características, y unas cuantas más, hacen que su vida mantenga una notable semejanza con la de los dementes, lo que para nada lo angustia; agradece, por el contrario, a las musas el haberle transmitido esas voces sin las cuales se sentiría perdido. Con ellas va trazando el mapa de su vida. Sabe que cuando ya no pueda hacerlo le llegará la muerte. no la definitiva sino la muerte en vida, el silencio, la hibernación, la parálisis, lo que es infinitamente peor" Sergio Pitol, Trilogía de la memoria.

22/5/08

Una joya




Howard Hawks le preguntó a Raymond Chandler quién demonios había matado a uno de los personajes que aparece asesinado en una de sus novelas. El autor le contestó que no tenía ni puñetera idea.

27/4/08

Juego de angeles y demonios

Umbral, que por fin descansa en paz, no necesita tramas, él mismo y su vida es el argumento sin que eso presuponga mayor ombligo o vanidad (ni siendo el ególatra que a veces nos dió la impresión de ser y que acaso sólo fuera el personaje con el que se vistiese). Antes de irse, nos ha dejado Cartas a mi mujer, una buena manera de despedirse. Mientras que Umbral se despoja de la trama (él dice que también del argumento, pero me parece que sus libros siguen conteniendo argumento, argumentos) Ruiz Zafón, en cambio, es casi exclusivamente trama (aunque él pueda algún día, si le apetece, optar por escribir de otra manera y de otras cosas). Ambas (y otras tantas, todas las posibles) son maneras aceptables de hacer libros. Es bueno encontrar en la tienda pan y caramelos, verduras y bombones, agua, vino, leche y licor, cosas con las que nutrirse y chucherías, frutas deliciosas que son alimento y regalo, y que cada cual llene su cesta con lo que más le apetezca; ¿o es que los humanos hemos dejado de ser omnívoros? Resulta lamentable tener que defender esta obviedad, que en los espacios literarios de los medios, se abanderen y proscriban opciones, se otorguen o retiren credenciales de nobleza. Aunque sea algo que sucede en todos los ámbitos, en el de los libros me resulta aún más lamentable, decepcionante.
A riesgo de parecer equidistante, os recomiendo L'home manuscrit de Bauxauli, extraordinario libro que en una primera parte nos presenta a un escritor que tampoco necesita hacerse rehén de argumentos y tramas, y que al final es un libro que la tiene, a la vez un ejemplo de metaliteratura, de reflexiones vitales, y también una aventura. Delicioso. Cuánta envidia me dan estos tres.

21/4/08

Mejor muerto que vivo

Su obra les costó muy cara, la sacaron adelante con un gran esfuerzo y sufriendo enormes dificultades económicas y de ausencia de reconocimiento. Después, póstumamente, su trabajo empezó a disfrutar de atención. Cuando esa atención creció, aparecieron sus estudiosos, sus reseñadores, sus comentaristas... algunos de los cuales consiguen con eso mucho más reconocimiento y dinero que el autor que les ocupa. Resulta irónico y hasta cruel y sin embargo, sin éstos, aquéllos quizá siguieran siendo desconocidos. Paradojas.

5/4/08

La Primavera y la Muerte

Creyó que era su mejor libro y lo presentó a un certamen que no lo reconoció. Lejos de desmotivarse, escribió (con entusiasmo primaveral) a su editor que lo reescribiría y sería una obra maestra. Durante años y años hizo nuevas y modificadas versiones. Llegó la muerte y no había concluido la versión definitiva. (¿Quedó superada por su exigente pretensión de lograr una obra maestra?) La versión que se editó póstumamente (con apéndices que nos permiten conocer las diferencias entre las distintas y sucesivas versiones, a cargo de Nuria Folch de Sales) es una obra excepcional, original, tanto como para incluso parecer extraña. El horror y la poesía entreveradas, algo por completo distinto a la Plaça del Diamant. Ahora que se celebra el centenario de Mercè Rodoreda, espero que este libro y su autora consigan la atención que se merecen.

2/3/08

Impudor y patetismo

“Cuando se mira la biblioteca interior, la desesperación puede convertirse en tragedia. (…) Pero esta desolación no es sólo mía, de intelectual de tercera” Eduardo Haro Tecglen
Recuerdo que Philip Roth abría uno de sus libros mencionando lo mucho que sabía acerca de sufrir y cómo estuve a punto de abandonar el libro.

10/2/08

empachos


Con los autores me pasa como con los alimentos, si acumulo muchas lecturas de un autor, varios libros, me empalago y tengo que abandonarlo y volver a mi dieta variada hasta que pasado el tiempo necesario pueda de nuevo volver a disfrutar de su sabor plenamente. No importa la talla del autor, por extraordinario que sea no se escapa a esto.

18/11/07

Cuesta decirlo

Me gusta más leer que escribir. Suena como decir me gusta más comer que beber. Lo fastidioso es que la vida, que es lo que me gustaría leer más detenidamente, suele estar mal escrita, es redundante, aburrida. Sí, ya sé, por eso se inventó la literatura, lo que no deja de ser otro pecado original.
Esto es para explicar por qué no he añadido un post en tantos días. He estado leyendo; lo que he podido. (He aprendido cosas decepcionantes. Una de ellas: se puede ser un buen escritor y no estar a la altura como persona. Sí, ya sé, como en tantos oficios. Pero choca más en un voluntario ong, en un monje, en un artista.)

13/10/07

Zuckerman (Philip Roth), Lobo Antunes y Miles (Iris Murdoch)

No poder vivir sin escribir, sea por falta de inspiración o de tiempo y sin embargo no gozar o incluso sufrir escribiendo, o, por lo menos, tener que renunciar a algo. En el post del 11.7.07 era Zuckerman (Philip Roth), aquí son Iris Murdoch y Lobo Antunes :

"Supongo que sufría un poco: de soledad, de no ser capaz de crear. Tenía dos hijas. No tenía nada salvo mi esterilidad como artista. No cogía el papel, no cogía la pluma, la cabeza se me había vaciado(...)
Es la primera vez que hablo del dolor de la impotencia, e imagino lo que será el martirio de los hombres que fracasan en la cama. Y , no obstante, si me diesen a elegir, preferiría eso a la imposibilidad de la escritura. (...)
Qué destino del demonio es éste que hace que un hombre (que hace que yo) mate incluso, si fuere necesario, para proteger un hado que no da goce ni alegría. Hacer libros es una tarea que no asocio al placer (...)" Antonio Lobo Antunes



"¿Cuánto tardará, se preguntaba Miles ¿Cuánto tiempo más he de esperar? ¿Vendrá, acabará viniendo a mí al fin? Desde hacía casi un año se sentía invadido por la creciente certeza de que pronto comenzaría a escribir poesía de nuevo y de que lo que escribiera sería al fin algo auténtico. Mientras, esperaba. Intentaba prepararse. Dejó de beber y redujo aún más su exigua vida social. Lo único importante, se decía, era permanecer en el lugar propio de uno. Pasaba las tardes con su libro de notas, y si Diana o Lisa se acercaban a él, tenía que contenerse para no gritarles que se fueran."
El sueño de Bruno, de Iris Murdoch

21/8/07

fracasar...o no

Comencé estudiando asiduamente el estilo y técnica de los escritores que había admirado y reverenciado: Nietzche, Dostoievsky, Hamsun, hasta Thomas Mann, quien hoy descarto por considerarlo un hábil fabricante, un ladrillero, un borrico inspirado, un caballo de tiro. Imité todos los estilos en la esperanza de hallar la clave de cómo escribir. Al fin llegué a un punto muerto, a una desesperanza y desesperación que pocos hombres han conocido, porque no había divorcio entre mi ser de escritor y mi ser de hombre: fracasar como escritor equivalía a fracasar como hombre. Y fracasé. Comprendí que no era nada, menos que nada: una cantidad negativa. Y fue entonces, cuando me hallaba en medio de ese muerto Mar de los Sargazos, por así decirlo, cuando realmente empecé a escribir. Comencé a garrapatear, echándolo todo por la borda, incluso a aquéllos a quienes había amado. Apenas oí mi propia voz, quedé encantado: el hecho de que era una voz aislada, distinta, única, me sostenía. No me interesaba que lo que escribiera fuese considerado malo. Bueno y malo eran palabras que había apartado de mi vocabulario. Me lancé de un salto al reino de la estética, el reino no ético, no utilitario del arte. Mi propia vida se convirtió en una obra de arte. Había encontrado una voz, volvía a ser yo mismo. La experiencia se asemejaba mucho a lo que había leído de los iniciados en el culto Zen. Mi fracaso completo había sido como la recapitulación de la experiencia de la raza: la futilidad de todo; debía haberlo pisoteado todo, haberme desesperado, para reconquistar la humildad, para borrarme de la pizarra, por así decirlo, a fin de recobrar mi autenticidad. Tenía que haber llegado al borde para dar un salto al vacío.
Henry Miller. Fragmento de un ensayo recogido en La sabiduría del corazón, de 1941.